Pequete es un ser especial, que vino a nosotros en cuanto le llamamos.
Pequete es un luchador incansable, inteligente, atrevido y osado.
Sin duda hace honor a su nombre, que no pudo ser más acertado en cuanto a significado.
Es afable y tierno, optimista y gritón.
Pequete no quiere ir en el carrito al colegio, prefiere ir caminando, a pesar de que está a 30 minutos de casa, a su paso. Pequete, quiere llevar su propia mochila y no admite que nadie le ayude.
Pequete se sube de pie en el sofá aunque haya caído ya de cabeza dos veces, ¿ perseverante o temerario?
Pequete se sube al escalón más alto y quiere saltar sin ayuda y se enfada si intentas cogerle de la mano.
Pequete se quita la ropa solo para bañarse e intenta volvérsela a poner tras el baño.
Pequete marca su espacio cual lobo salvaje y se pega con quien haga falta si alguien se mete con su hermano mayor.
Pequete se vuelve loco cuando ve un balón y chuta con la fuerza de cien mares jugando con los niños mayores, que son su predilección a la hora de jugar.
Es despierto, perspicaz y avispado.
Pequete es un Guru, en cuanto templanza y sabiduria zen. Del que tenemos mucho que aprender.
Utiliza la técnica ninja de: la razón para los locos.
Cuando le recriminamos algo, nos dice: vaaaaaaaaaaleee papa o mamá, así nos conformamos y pensamos, que niño más obediente y bueno; luego hace lo que le viene en gana.
Si los adultos empleásemos este procedimiento evitaríamos más de un enfrentamiento. Y se nos tacharía menos de oveja negra.
Si se cae, no quiere que nadie le levante.
Pequete pasa por la puerta de un supermercado, decide entrar y entra. Sale corriendo sin mirar atrás y no le importa que te quedes a uno, dos o veinte metros detrás de él.
No se si le importamos un pimiento o tiene plena confianza en que le vamos a seguir.
Cuando Pequete va al parque, sale disparado hacia el kiosko y se sirve el mismo, sin encomendarse a Dios ni al Diablo y sin saber si su mamá estará detrás para pagar lo que coge, por que seguramente lo habían puesto allí para él.
Pequete come solo desde los 14 meses y en absoluto acepta que nadie le de la comida; destapa él mismo sus postres y su destreza manual no tiene parangón.
Pequete quiere macarrones para comer, para merendar y para cenar y si se los pudiésemos meter en el biberón de cereales sería el más feliz del mundo.
Es el axioma de la expresividad y la elocuencia, de la sonrisa y la felicidad sin condiciones.

Es mi opuesto, mi antónimo, mi yan.
Mi fascinación por el es directamente proporcional al la distancia entre el sol y la tierra.
Pequete es un ser muy grande.
Nunca pensé siquiera que algún día iba a existir y ahora no me imagino una vida sin haberle conocido.
No, Pequete, hoy no es tu cumpleaños, ni tu santo, ni el aniversario de nada. Pero yo te quiero ahora, te quiero hoy, te quiero siempre.
See you later Babbupi's Mumm.